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Terra
La Coctelera

Federico Garcia Lorca

Pequeño vals vienes interpretado por Leonard Cohen y Enrique Morente

En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados,
hay frescas guirnaldas de llanto.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals, este vals del "Te quiero siempre".

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orillas tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals

Sobre el 15M

Enlaces:

democraciarealya

Todos cuentan 15M

Agustín García Calvo en La Puerta del Sol

¿Que está sucediendo estos dias en España  en relación al 15M?, Democracia Real Ya y No Les Votes, estos movimientos de origen diferente han agrupado fuerzas para protestar en contra del sistema económico y político actual en la Puerta del Sol de Madrid y otras muchas ciudades del España. En los enlaces de encima se puede ver con bastante claridad, el significado de lo que está sucediendo en España y que se está extendiendo a otros países del mundo. Puede ser que esto vaya perdiendo fuerza o por el contrario que la gane, en este ultimo supuesto significaria algo parecido a lo que se llama "La revolución" con todo lo que conllevaria tal estadode las cosas.

He estado en algunas concentraciones y asambleas convocadas por Democracia real Ya y puedo constatar la pureza de tales eventos, slogans tales como "No somos mercancia en manos de banqueros y políticos"   apuntan a directamente a los causantes de llevarnos a esta crisis: políticos y banqueros y multinacionales, o aquellos que todo lo reducen a cifras, usted, yo y el resto de la humanidad, solo somos números para ellos, seres a los que hay que manejar y controlar, que no tenemos que pensar mucho o mejor nada, debemos ser consumidores, productores, soldados, o votantes, sin mas. Esto es lo que han considerado los ricos desde siempre sobre el pueblo - Masa (O multitud de pobres), y estén ustedes seguros que, por otra parte, les importamos un carajo, al menos eso es lo que se percibe desde el comienzo de La Historia. Me he encontrado este vídeo en la red con un análisis de la situación por Jose Luis Sampedro y alguna de la gente que estuvo en la calle estos días:

Análisis del #15M con José Luis Sampedro - Spanish Revolution (English Subs)
AsocMovimientoVisual

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Videos que merecen la pena verse:

Ret Marut - B. Traven

LETRAS LIBRES /  (De click para agrandar)

- B. Traven -

El hombre que nunca olvidó

por Barry Gifford

La persona agazapada detrás de ese nombre, B. Traven, es a su vez otras personas y la misma, siempre huidiza. Por qué se enmascaró así el autor de El barco de la muerte y El tesoro de la Sierra Madre, y no quién fue en realidad, es la pregunta que intenta responder en este texto el novelista y guionista Barry Gifford.

¿Importa de veras quién fue B. Traven? ¿Fue alguna vez un cerrajero polaco llamado Feige? ¿Un actor convertido en periodista radical en Múnich, llamado Ret Marut? ¿Un emigrante alemán o tal vez noruego llamado Traven Torvsan? ¿Un estadounidense llegado de Europa que alguna vez trabajara como marinero y desembarcara en Tampico en 1942 para nunca volver a navegar? ¿O era Hal Croves, que en 1947 se presentó a John Huston como agente del autor de El tesoro de la Sierra Madre, en el Hotel Reforma de la ciudad de México? ¿Era el hijo ilegítimo de un industrial alemán judío llamado Emil Rathenau y de una actriz de nombre Josephine von Stenwarldt? ¿O el hijo ilegítimo del káiser Guillermo y de una actriz llamada Helen Mareck o Helen Maret? ¿Por qué Ret Marut —antisemita pero exaltado defensor del anarquista judío Gustav Landauer en Baviera en 1919—, que muchos piensan que se transformó en B. Traven, fue un narrador y humanista que se aisló en México tras escapar a una sentencia de muerte por haber sido declarado enemigo del Estado en Múnich; había tratado de huir a Estados Unidos o Canadá, se había ocultado en Berlín durante cuatro años, haciendo y vendiendo muñecas de trapo en la calle con su amante Irene Mermet (que después se casó con un abogado y profesor de Harvard y vivió en Nueva York), y estuvo preso durante tres meses en la cárcel de Brixton, en Londres, por no haberse registrado como extranjero y hacerse llamar Hermann Feige, tenía una caligrafía por completo diferente de la escritura de quien se proclamó autor de alrededor de una docena de novelas, además de algunos cuentos y un memorable trabajo documental?
El hombre llamado B. Traven declaró una y otra vez que lo único que importa de veras es la obra, no el autor, conclusión con la que tiendo a estar de acuerdo. Como señala el estudioso de Traven, Michael Baumann, en realidad no se sabe nada sobre Shakespeare ni sobre Homero, pero la obra de ambos es objeto de reverencia y estudio infinitos. No, no importa quién fuera B. Traven. Lo que importa —me importa a mí, por lo menos— es por qué.
Como muchas personas, el primer contacto que tuve con la obra de Traven fue a través de la película El tesoro de la Sierra Madre, dirigida por John Huston, protagonizada por Humphrey Bogart, realizada en 1948. Nunca olvidé al chico, representado por Bobby Blake, que le vendía un billete de lotería a Fred C. Dobbs, el personaje representado por Bogart, en una cantina de Tampico. Casi medio siglo después, Blake representó a otro personaje inolvidable llamado "El Hombre del Misterio" en una película que escribí en colaboración con el director de la cinta, David Lynch: Lost Highway. En 1958 poco podía saber, a mis once años de edad, al ver a Bogart echarle whisky o tequila en la cara al niño que trataba de avisarle que acababa de ganarse la lotería, que el verdadero "hombre del misterio", invento de la imaginación de un genio loco como el Dr. Mabuse, era el creador de los personajes.
Unos años después de haber visto esa película comencé a leer los libros de Traven. Primero leí el Tesoro, claro está, y luego El barco de la muerte, Los pizcadores de algodón, El puente en la selva, Marcha a la montería, Gobierno, y el resto de la serie de narraciones sobre la selva. Leí sus cuentos del libro El visitante nocturno, así como una pequeña gema de bolsillo que encontré en un cesto de libros usados en Chicago, por el cual pagué cinco centavos, titulado Stories by the Man Nobody Knows (Cuentos de B. Traven). Éste fue el libro que me hizo preguntarme por qué... No me importaba tanto quién fuera B. Traven, sólo quería saber por qué no quería que lo supiera la gente.
El poeta simbolista francés Arthur Rimbaud dejó de escribir poesía a los diecinueve años, después de que su amante, un hombre casado, el poeta Paul Verlaine, le disparara en una muñeca en un hotel de Bruselas. Rimbaud se incorporó a la marina neerlandesa, de la cual desertó enseguida. Durante su vida posterior, relativamente breve —murió a los 37 años—, obsesionaba a Rimbaud que lo persiguieran las autoridades neerlandesas, decididas a prenderlo y meterlo en la cárcel. Quizá por eso huyó de Europa y de la vida literaria, y se estableció como comerciante de armas y traficante de esclavos para el rey Meneluk, de Abisinia, la tierra de los hombres "con cola" y la cara a rayas. Rimbaud se fue al sur unos cuatro años antes de que también se fuera el hombre llamado Traven. La diferencia es que Arthur dejó de publicar en ese momento, mientras que Traven comenzó entonces. Si Traven realmente era Ret Marut, fugitivo de Alemania, quizás tuviera el mismo temor, el de ser tomado preso y quedar en manos de las autoridades del Viejo Mundo. ¿Qué mejor solución que cambiar de nombre, de geografía, incluso de letra? (A mis ojos no especializados, las muestras que de su caligrafía proporcionó Traven a sus biógrafos Karl Guthke y Baumann inicialmente parecen masculinas —Marut— y después femeninas —Traven—. Las cartas de este último posiblemente fueran escritas por Irene Mermet, que visitó a Marut-Traven en México durante los primeros años que éste pasó allí. A principios del decenio de 1930, las cartas de Traven estaban escritas por completo en máquina y a veces apenas firmadas con una pequeña rúbrica, ilegible.)
La pregunta insistente sobre B. Traven es quién escribió realmente esos libros. ¿Será que Marut —cuyo apelativo sin duda era un nome de plume de guerre— hizo amistad al llegar al estado mexicano de Tamaulipas con alguna persona que ya los había escrito o estaba escribiéndolos? No lo creo. Creo que El barco de la muerte (publicado en Alemania en 1926), igual que todos los demás libros de Traven, son obra del renegado en alemán y fueron mal traducidos al inglés por él mismo con la finalidad de hacer pensar al público que los había redactado un estadounidense. Bernard Smith, editor de la casa Alfred A. Knopf, que publicó El barco de la muerte, reconoció haber sometido esta novela a una profunda revisión para hacer aceptable su inglés. Marut-Feige-Rathenau-Wilhem, o quien fuera, a continuación procedió a sacar narraciones de su nueva tierra, que resultaron en la serie de libros sobre los jornaleros del campo y su explotación por los terratenientes productores de algodón, en los campos petroleros y la selva. Los pizcadores de algodón se llamaba originalmente Der Wobbly, en honor a la organización International Workers of the World, de breve duración, que dio origen al sobrenombre de wobblies, y el tema era del todo congruente con Marut. El hecho de que este escritor sazonara El barco de la muerte con detalles e insinuaciones antisemitas y después, en 1933, en cartas a su editor hiciera referencia a los "sucios judíos", "ajudiados y semitizados por delante y por detrás", "codiciosos, viscosos, apestosos [para salvar tu] almacén semita de departamentos", etc., no me sorprende. Incluso un llamado anarquista radical como Marut, y no obstante su apoyo a Landauer, tenía, como alemán, profundamente cincelado el antisemitismo. No me parece que sea una incongruencia: creo que se trata de una enfermedad cultural, una enfermedad que predominaba tanto ayer como hoy. En su obra, B. Traven, por lo menos hasta 1940, cuando dejó de publicar, defendió los derechos de los fellahin, la clase baja, los "pobrecitos", a la vez que les daba una imagen noble, con lo que se convirtió en una especie de forjador moderno de mitos, en congruencia con su celoso y egoísta idealismo intelectual. ¿Qué importa? Sabía narrar y eso es lo que cuenta. Por eso sus libros fueron best sellers en todo el mundo, pese al estilo desmañado, de sintaxis confusa, sin acabar, mal traducidos o mal escritos. B. Traven, quienquiera que fuera, como Joseph Conrad, que escribió en su cuarta lengua, creando así un estilo irrepetible, tenía algo importante que decir. No hurgaba llagas sin trascendencia, como hace la mayoría de los modernos escritores de hoy. Ésta es una razón por la cual sus libros vivirán mientras haya lectores.
En abril de 2004 me invitaron a comer una de las hijastras de Traven, Malú Montes de Oca de Heyman, y su esposo, Tim, banquero y escritor británico, a su casa de la ciudad de México. Había organizado el encuentro un editor de esta ciudad que conocía mi interés constante por la obra de Traven y sabía que, a principios de los años setenta, yo había estado en contacto con Rosa Elena Luján, la viuda de Traven (éste murió en 1969) y madre de Malú. De alguna manera conseguí la dirección de la viuda y le escribí porque había una novela de Traven que nunca había logrado encontrar, Trozas (The Logs), y quería saber si ella podría indicarme cómo encontrar un ejemplar. Rosa Elena generosamente me mandó un ejemplar, en alemán porque no se había publicado en inglés. Se lo dije a Malú, que me informó que su madre —viva aún pero muy enferma— obviamente se había dado cuenta de la sinceridad de mi interés y me mandaba la novela por su dedicación actual a la obra de su marido.
También le dije a Malú que en 1978, estando en Mérida, Yucatán, había conocido al dueño de una librería que me había contado que él había ido a la escuela con ella y con su hermana Rosa Elena, y decía haber visto en varias ocasiones a su padrastro. Me describía el tercer piso de su casa, en las calles de Río Mississippi, donde estaba el estudio de Traven, que denominaban "El puente", como el de un barco, y me contó que Traven, al que se dirigía como "señor Traven", y no Croves, siempre había sido generoso con él, que era un escritor en ciernes. Malú me explicó que su padrastro utilizaba el nombre Hal Croves en público y para firmar sus guiones, con el propósito de separar esos trabajos de sus novelas. (Entre sus guiones están Macario y La rebelión de los colgados.)
Malú me mostró las máquinas de escribir de Traven, de las cuales una Underwood portátil, manual, por supuesto, fue la que utilizaba en la selva de Chiapas, según me dijo. También me enseñó los sombreros del escritor, entre ellos un casco de safari en el que había encontrado cabello de Traven. "Si logro encontrar con qué compararlo —dijo Malú—, podría mandar hacer un análisis del ADN para saber quién era en realidad." La verdad, reconoció, es que ni ella sabía el origen del hombre que consideró su padre desde los diez u once años. Ella y su hermana lo llamaban Skipper. "Tenía las manos más singulares que le haya visto a ningún hombre", afirma.
Malú y Tim fueron anfitriones amables y me invitaron a ver los libros de Traven, no sólo las diversas ediciones de sus novelas, sino su biblioteca personal, que fue lo que más me interesó. Había algunos libros en alemán, aunque casi todos en inglés, sobre todo la narrativa: Conrad, Conan Doyle, Wells. Había títulos de Mencken y libros sobre el oro y la minería, bibliografía que habrá consultado para escribir El tesoro de la Sierra Madre. A fines del decenio de 1970, mientras trabajaba de consultor editorial, recomendé la publicación del libro para niños de Traven La creación del sol y la luna, que efectivamente se publicó. Fue una decisión acertada y durante las gestiones conocí al principal editor de Traven en Estados Unidos, Lawrence Hill. Malú también había conocido a Hill, y le conté que, una vez que almorzaba con él en el Players Club de Nueva York, me había dicho que quizá ni el propio Traven supiese bien a bien quién era. Es decir, que el hombre llamado Traven, o Torvsan, o Croves, no tenía seguridad sobre sus orígenes, y que esto estaba muy relacionado con el oscurecimiento de su identidad. En su lecho de muerte fue cuando parece ser que le confesó a Rosa Elena, su esposa, que había sido, efectivamente, Ret Marut, y que ella podía hacerlo público. A mi juicio, le dije a Malú, Traven siempre supo quién era, quiénes eran sus padres, dónde había nacido. Durante tantos años, como Rimbaud cuando recurrió a la naval neerlandesa, lo abrumaría y acosaría un temor parecido, fundado o no; y cuando todo peligro real o imaginario hubo pasado, también pasó su capacidad o necesidad de transformarse.
Pero una cosa me inquieta, el tardío intento de Traven de enriquecer su leyenda literaria escribiendo y publicando una novela final: Aslan Norval, en 1960, veinte años después de su última novela de la selva. Aslan Norval, que yo sepa, sólo se publicó en alemán, nunca en inglés. En 1960, Traven tendría cuando mucho 78 años (la fecha de su nacimiento sería 1882 o 1890), y según Rosa Elena Luján era un hombre vital, fuerte mental y físicamente casi hasta su muerte, nueve años después. Aslan Norval muestra el antiguo antisemitismo expresado por Ret Marut en su revista de Múnich en 1919 Der Ziegelbrenner, y por B. Traven en sus cartas a sus editores alemanes en 1933. Esta última novela es floja y, en consecuencia, ha pasado prácticamente inadvertida y no se tradujo. ¿Por qué la publicó? La razón es que Traven era un escritor y nunca dejó de escribir, aunque sólo fuera en su mente, sobre todo, y no podía cambiar. La verdad última es que B. Traven nunca pudo olvidar quién era. -
— Traducción de Rosamaría Núñez

Vídeos sobre Artaud

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Antonin Artaud 7ª parte

Textos extraidos de la editorial VomitArte

LA REBELIÓN QUE ESPERA
Había dicho que toda la poesía es una inmundicia, y después que sólo la obscenidad puede justificar una poesía. Amaba la pureza, y le tocó por destino ser poeta en un tiempo social sucio como pocos. Deseó ser fiel a una consigna: cambiar al hombre y transformar el mundo. Pagó con usura ese deseo de la unidad esencial y final. Se trataba de lo absoluto o nada, y entregó sin piedad su propio cuerpo para que fuera juzgado.
Instituyó, frente a la oscuridad de la lengua, que el verbo es lo único que puede ser negado. Enseñó, sin pretender asimilarse a una mínima luz, que una sinrazón lúcida no rechaza el caos.
Hizo denuncia de «los mantenedores del orden del provecho, de las instituciones sociales y burguesas que no han trabajado nunca, pero han amontonado, grano sobre grano, desde hace miles de millones de años, el bien robado, y lo mantienen en ciertas cavernas de fuerzas prohibidas para toda la humanidad».
Hizo denuncia con su boca, que se roía a sí misma. Con su voz, sonora y sorda, fuerte y destruida en el acto. Y con su grito, tan cruel y peligroso que despertó una conciencia nueva de lo sagrado.
Su grito: maldición del humillado. Su grito: rugido del acosado. Más que gritos, aullidos.
Vio en el capitalismo la raíz de nuestros males, pero no aceptó que en pos de ninguna política se renunciara al amor, ese amor «más alto que la vida misma».
Quiso ir hasta donde el espíritu se quiebra, buscando allí, en lo más recóndito de la subjetividad, admirable o denigrada, pero siempre única, la verdad y la afirmación de la esencia poética.
Ardua tarea a realizar, que en un cierto punto, y a pesar de él, «exige de su razón personal que devenga pura transparencia impersonal, de donde no hay regreso».
Sufrió por haber querido encontrar la materia fundamental del alma.
Supo que cada palabra, para ser cierta, debe ser correspondida con el hueso.
En esta sociedad nuestra que huele a descomposición, recordarlo es abrir las ventanas. ¿Y no es desde esa ventana abierta que se distingue, en un cielo que siente necesidad del vuelo, el fuego irritado de la rebelión que espera?

Vicente Zito Lema
Poeta y Periodista. Argentina (1939)

ALGUNOS LIBROS DE ANTONIN ARTAUD
Tric-Trac del Cielo (1923)
El Ombligo de los Limbos (1925)
El Pesa-Nervios (1925)
Carta a los Poderes (1925)
En Plena Noche o el Bluff Surrealista (1927)
El Teatro de la Crueldad (1933)
Heliogábalo, el Anarquista Coronado (1934)
Viaje al País de los Tarahumaras (1936)
Las Nuevas Revelaciones del Ser (1937)
Mensajes Revolucionarios (1937)
El Teatro y su Doble (1938)
Cartas desde Rodez I (1943-44)
Cartas desde Rodez II (1945-46)
La Cultura Indiana (1946)
Artaud el Momo (1946)
Van Gogh, el Suicidado por la Sociedad (1947)
Para Acabar con el Juicio de Dios (1947)

La Verdadera Historia de Artaud el Momo (Video Documental)

Hoy, cuando uno descubre la obra de Artaud resulta hasta sencillo conmoverse con ella, por estar lejana en el tiempo; no corremos el riesgo de «salpicarnos» mínimamente. Obra plagada de gritos, advertencias y ultimátums (explícitos e implícitos) sobre el irreversible rumbo de la humanidad hacia el abismo moral, social y afectivo en el que terminará haciéndose mierda. Artaud (un corazón sangrando con dos alas urgentes), era energía desgarradora buscando formas para transmitirse. Podía ser un libro, un poema, una mueca, un guión, un escándalo, un dibujo o un silencio; siempre, algo inesperado que nos sacudiera, que nos detuviera el instante más prolongado para la reflexión oportuna.
Pero si alguien quisiera analizar objetivamente su obra, no debería alejarse demasiado para tomar una perspectiva adecuada; tendría que acercarse lo suficiente como para sumergirse en ella y encontrar su propia realidad envuelta y atrapada. Leyendo las Cartas a los Poderes, es hasta divertido imaginar a Artaud escribiéndolas hoy: carta al Presidente de Microsoft, fax al Pato Donald, mensaje al FMI, mail a los Rolling Stones, carta al presidente de la FIFA, mensaje al dueño de una bomba de hidrógeno, fax a la Internet, carta a un agente de bolsa, mail al laboratorio que fabrica el Viagra, etc.
No es muy difícil observar que toda la obra de Artaud está afectada terriblemente por el vértigo de su tiempo. Así, el período blanco comienza en una época signada por estallidos revolucionarios en buena parte de la vieja Europa; mientras que el período negro empieza cuando la burguesía aplasta la primavera y sus flores, y se encamina a la guerra, vestida del uniforme más rígido y siniestro.
Artaud participó desde la primera hora del surrealismo, el cual aglutinaba voluntades a partir de algunos principios fundamentales: rechazo de la omnipotencia de la razón, desenmascaramiento de la vida, repudio total a las jerarquías culturales y a las tablas de valores morales, antidogmatismo, búsqueda de una libertad integral, fe en un destino superior para el hombre. Pero no todo era armonía en el movimiento: a medida que se intentaba llevar la revolución surrealista al plano de la política efectiva, se acentuaban las diferencias entre el grupo de la rue Fontaine (donde vivía Breton) al que adherían Éluard, Pérec, Aragon y Unik, y el grupo de la rue Blomet (donde estaba el taller de André Masson) al que concurrían Artaud, Leiris y Limbour, entre otros. El primero de los grupos se sumó al Partido Comunista en 1927, justo cuando en la URSS (que en sus comienzos despertó simpatía y admiración en muchos círculos artísticos del mundo) ya habían comenzado las persecuciones, también, contra los intelectuales. Artaud reacciona y escribe un texto paradigmático: En plena noche o el bluff surrealista, donde denuncia al surrealismo como una revolución de castrados porque, a su entender, se debían conmover los cimientos simbólicos del mundo material y ante ese desafío, se optó por una revolución limitada al poder político, lo que entrañaba una derrota de los postulados poéticos. De inmediato sale publicado En pleno día, manifiesto surrealista donde se lo refuta. Años después, se produce la reconciliación con Breton, con el que mantiene una correspondencia asidua. El 13/7/37 le envía una carta diciéndole: «Eres probablemente el único hombre por quien yo haría algo si me lo pidiera».
Ya en el crepúsculo de su vida (y quizás, en su momento más fructífero) Artaud logra salir del loquero de Rodez, predispuesto a dar la batalla final. El que no aceptó ni siquiera las formas «permitidas» de rebelarse, el que propuso «asesinar» al texto y a la palabra en el teatro (porque no le permiten al verdadero teatro nacer), en menos de dos años y a través de sus obras demuestra en qué clase de sociedad putrefacta estamos viviendo, al encerrar bajo la acusación de «loco», a un genio singular que supo desnudar la podredumbre de las instituciones de la manera más cruda y patética. Pero era tarde para él, igual que para Van Gogh, igual que para tantos otros. Pero principalmente, era tarde también para nosotros, manada de tontos ciegos que nunca terminamos de despertar. Tarde, otra vez. Tarde para hacernos reaccionar lo suficiente, como para impedir que esta sociedad miserable (discriminadora, egoísta, capitalista) día a día y con encantadoras sutilezas, nos siga suicidando.

VomitArte
Editora Clandestina

Antonin Artaud 6ª parte


Cartas sobre el Juicio de Dios

Al Señor Fernand Pouey

estimado señor

En relación
a la introducción de
«Para acabar de una vez con el juicio de dios»
se puede quitar desde
«quieren fabricar soldados»
hasta
«en los combates siempre se sufren heridas,
pude ver a muchos americanos en combates».
El ensamble general se ordena así:

1 texto de inicio
2 efectos de sonido
que se intercalan con el texto recitado
por María Casares
3 baile del Tutuguri texto
4 efectos de sonido (xilofonías)
5 Buscando la Fecalidad
(lectura por Roger Blin)
6 efectos de sonido y percusión entre Roger Blin y yo
7 El problema que se presenta es que...
(lectura del texto por Paule Thévenin)
8 efectos de sonido y mi aullido en la escalera
9 conclusión texto
10 efectos de sonido finales.

Si se le ocurre algo para
Artaud el momo
le aviso que Paule Thévenin lee muy
bien uno de los poemas,
el más breve
Centre mère et Patron minet.
Esta emisión me causó mucha felicidad
y me entusiasmó comprobar que ella podía ofrecer
un modelo en pequeño de lo que quiero hacer
en el teatro de la crueldad.
Le agradezco por esa razón
muy especialmente, ¿no debutó usted mismo
en la vida con una especie de
danza ritmada entre la poesía y el
teatro?
Puede creer en mis buenos sentimientos.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Ivry, 11 de diciembre de 1947

Al señor Fernand Pouey

Estimado señor

...permítame que vuelva sobre el trabajo realizado.
Creo que se puede encontrar en él lo peor y lo mejor.
Antes de la guerra hice muchas audiciones radiales
con Paul Deharme
en emisiones informativas
y el trabajo que hice en la suya estaba lejos
de establecer una conexión con ese medio
de comunicación
pero por otro lado
es preciso que
el realizador
Señor Guignard
los técnicos
y en general
todos con los que me relacioné
comprendan
cuáles han sido mis deseos e
intenciones.
Si la cuestión se considera en bloque tendremos la
sensación de un trabajo
desordenado y discontinuo,
una especie de aventurado y epiléptico pedazo
en el que la sensibilidad errática del oyente también
debe elegir
al azar
lo que le conviene.
¡¡Pues no!!
Terminar con el juicio de nuestros actos de una vez
a través de la suerte
y por una fuerza
preponderante
es mostrar
su voluntad
de manera
bastante novedosa
para señalar que el orden rítmico y
la contingencia de las cosas variaron su rumbo,
en la emisión realizada hay suficientes datos
punzantes
crujientes
chocantes
desencajados
que montados en un orden nuevo
pueden probar el alcance del objetivo
buscado
mi función era brindar
elementos
y así lo hice
algunos son malos
y otros creo que muy buenos
espero que consiga un técnico
inteligente
que sepa lograr con esos elementos
los increíbles valores que les adjudiqué
puede creer en mis buenos sentimientos.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

4 de febrero de 1948

Al señor Wladimir Porché
director de radiodifusión

Señor

usted me permitirá estar un poco más
que indignado y escandalizado
por lo que se ha resuelto
a último momento contra mi emisión radial:
Para acabar con el juicio de dios
a la que le dediqué más de 2 semanas
y que había sido anticipada en todos los diarios
durante más de un mes.
Usted sabe con qué curiosidad
era esperada esta emisión por la amplia
masa del público
como una suerte de liberación,
porque era acompañada por un conjunto sonoro
que lo iba a sacar por fin de la rutina de las emisiones
corrientes.
Entonces tuvo tiempo suficiente antes
de ayer domingo por la tarde en que
pensó que debía tomar esa disposición de
que sea suspendida
(de haberse dado cuenta)
del clima especialmente propicio
que acompañaba la salida de esta emisión.
En vano busco ahora el escándalo
que hubiera causado entre la gente bien
dispuesta
y que no se manifestó
anticipadamente
como se trata en este caso.
Yo, el autor, escuché igual que todos
la grabación
muy convencido de no permitir nada

que pudiera herir
la moralidad
el gusto
las buenas
costumbres
la voluntad de honra
que por otro lado lo ya visto
pudiera rezumar
aburrimiento
la rutina
anhelaba una obra nueva, que atrapara
algunos centros orgánicos de vida,
una obra
en la que uno perciba todo el sistema nervioso
encendido como en el fotóforo
con vibraciones
concordancias
que alienten
al hombre
a salir
con
su cuerpo
para andar por el cielo detrás de esta nueva,
inédita
y radiante
Epifanía.

Pero la gloria del cuerpo sólo es posible
cuando
ninguna cosa
en la lectura del texto
choca,
traba
esta especie de voluntad de gloria.
Ahora busco
Y encuentro
1º) buscando la fecalidad, texto plagado
de palabras crudas, de palabras terribles,
sí, hay palabras crudas, palabras
terribles,
pero en un clima tan fuera de la vida
que no creo que en la actualidad exista
un público capaz de escandalizarse
con ellas.
Todos deben entender
que estamos hartos de la
mugre
tanto física como fisiológica
y desear
un cambio
corporal
en profundidad.

Queda la reacción del comienzo contra el capitalismo
americano.

Pero, señor Wladimir Porché, habría que ser más
que ingenuo para
no darse cuenta que en este momento
el capitalismo americano
tanto como el comunismo ruso nos llevan
a la guerra,
entonces advierto a las individualidades
por medio de voces, percusiones y xilofonías para
que se unan.
Soy
Antonin Artaud

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Ivry-sur-Seine, 7 de febrero de 1948

Al señor Fernand Pouey

Supe de su admirable conducta respecto
de mi emisión radial.
Disculpas por el perjuicio que le ocasiono
y
gracias
por defenderme de esa manera con
todo su corazón.
Sé que se expuso y arriesgó su
posición
pero no acepto que un inepto, que recién sale del
colegio como
Wladimir Porché se atribuya el derecho de impedir
la
difusión de un documento anticipado desde hace ya
muchas semanas
y por lo tanto
escuchado
por decenas de técnicos que evaluaron
su valor
y decidieron
su transmisión.
En todo esto hay un golpe de autocratismo parcial
que no debe tolerarse.
Por otro lado le escribí una carta a Wladimir Porché
explicándole
detalladamente
y de una forma clara y sencilla,
cómo y por qué escribí mis
textos y armé esta emisión.
Con respecto al sentimiento del oyente desprevenido,
nunca,
ninguna emisión fue esperada con tanta curiosidad
e impaciencia por la mayoría del público
que confiaba precisamente en esta emisión
para tener un criterio frente a ciertas cosas de la vida.
Esta emisión es una extensa protesta
contra el erotismo congénito de las cosas
contra
el cual todos quieren en su subconsciente
reaccionar y contra la injusticia social política
y
eclesiástica (religiosa) y por lo tanto ritualista de la
ley.
Pues el cuerpo social está hastiado de rituales.
Será necesario
pedirle esa carta a Wladimir Porché
para que la Prensa la reproduzca.
Suyo de corazón.

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7 de febrero de 1948

Al señor René Guilly.

Señor
Cuando esta mañana leí su nota en «Combat» creí
que soñaba, me sorprendió por otro lado que la
publicaran.
Pues tengo un concepto mucho más alto de ese
famoso público que el suyo.
Lo creo inmensamente menos corrompido de
prejuicios de lo que usted cree.
Los que sitiaban la radio el lunes por la noche
y
esperaban con una ansiedad y una curiosidad
nunca vista,
la emisión titulada
«Para acabar con el juicio de Dios»
eran parte de ese público masivo
planchadoras,
peluqueros,
vendedores de cigarrillos,
ferreteros, obreros gráficos, ebanistas,
en síntesis gente que se gana la vida con el sudor de su frente,
y no capitalistas de excrementos enriquecidos
clandestinamente
que los domingos asisten a misa y por sobre todo
desean el respeto de los rituales y de la ley.
Ellos y algunos rufianes de la Butte enriquecidos
prematuramente se hubieran aterrorizados por mi emisión
ya que tienen un miedo nauseabundo
de las palabras.
De cualquier modo
hay que tratar como crimen y pecado
el haber prohibido expresarse a una voz humana que
por primera vez en estos tiempos se dirigía
a lo mejor del hombre
2º) Los textos, los libros, las revistas son
sepulcros, sepulcros Sr. René Guilly como para vomitar.
No vamos a vivir a la eternidad
rodeados de muertos
y de muerte.
Si aún hay prejuicios en pie
hay que derribarlos
el deber
digo bien,
EL DEBER del escritor, del poeta no es encerrarse
cobardemente en un texto, un libro, una revista
de los que ya nunca va a
escapar
sino por el contrario salir al exterior
para agitar
para atacar
al espíritu público
de otro modo
¿para qué sirve?
y ¿para qué nació?
3º) De cualquier modo
no soy director de coros
jamás aprendí a cantar,
y menos todavía
hacer cantar.
En esta emisión intenté
solamente
yo que jamás toqué un instrumento
en mi vida,
algunas xilofonías vocales
sobre xilófono instrumental
y conseguimos el efecto.
Quiero decir que esta radioemisión era el
intento de un lenguaje que cualquier carbonero
o peón pudiera comprender
lenguaje que mediante la emisión corporal
anunciaba las verdades metafísicas más profundas.
También usted lo reconoció y por ese motivo
prohibirla constituye una infamia y una bajeza.
Sr. Guilly, esto es lo que quería decirle.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Ivry-sur-Seine, 17 de febrero de 1948

A los señores Fernand Pouey y René Guignard

Queridos amigos

creo que lo que alteró y
apasionó a algunas personas como
Georges Braque
de la Radiodifusión «El Juicio de Dios»
es en particular el fragmento de las sonorizaciones y
xilofonías con los poemas
leídos por Roger Blin y Paule Théverin.
No hay que malograr el efecto de esas xilofonías
con el texto de reflexión, dialéctico y
criticón del inicio.
Les mandé un expreso para señalarles ciertos cortes
que sólo dejaban algunas frases
del comienzo y del final de la «Introducción».
Les ruego que respeten esos cortes,
les ruego
a ambos
que se aseguren de que esos cortes se
realicen estrictamente.
Es necesario que en esta emisión radial no
haya nada que pueda decepcionar,
agotar
o aburrir
a un público apasionado
que fue sorprendido ante la novedad de las sonorizaciones
y xilofonías
que no tienen ni siquiera los teatros Balinés,
Chino, Japonés y Cingalés.
Entonces cuento con ustedes dos para hacer
esos cortes que aún no se hicieron
y amigablemente,
les estrecho
las manos.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Carta abierta al R. P. Laval

Señor

Es correcto que usted
reconozca el derecho a la expresión total
y global de mi individualidad por muy peculiar
que sea
y
por muy versátil que resulte.
Pero hay una cosa que usted no dice
y que conforma una reserva de base
en relación a ese derecho a la expresión: usted mismo estaba
y está
ligado por 2 ritos
CAPITALES
cuando dijo esas palabras,
estaba en realidad
ligado por 2 ritos
que son su propio asentimiento
le mantenían las manos quietas,
como cualquier sacerdote usted
estaba
y está ligado
por los dos ritos
de la consagración
y el de la elevación
de la misa,
como cualquier sacerdote católico usted
había ofrecido su misa esa misma mañana,
y en la celebración de la ceremonia
denominada misa intervienen
en primer lugar
esos 2 ritos de ligadura
que para mí
tienen el alcance de un auténtico
maleficio.
La consagración
Y
la elevación
son
maleficios
de una posición especial
pero
mayor
que saca provecho si puedo decirlo
de la vida
que canaliza todas las fuerzas espirituales en
una vía tal que todo lo que es cuerpo
queda reducido
a nada
y sólo resta una cierta
vida psíquica
liberada en su totalidad
pero tan libre
que todos los fantasmas
del espíritu
del espíritu llano
puedan desasirse y allí
se produce la siniestra y tormentosa expansión
de la vida diluviana
de los insectos obsesivos
que es contra lo que
peleamos
porque la indigna vida sexual es el telón de fondo de las
libres expansiones del espíritu
y porque
eso es lo
que la consagración
y la elevación
de la misa
han
liberado
sin decirlo.
Hay una repulsiva
coagulación de la vida
infecta del ser
que el cuerpo puro
rechaza
pero que
el puro espíritu
reconoce
y la misa lo
empuja a eso
por medio de sus ritos.
Esta coagulación sostiene la vida
actual del mundo
en los subterráneos espirituales
donde no deja de sumergirse.
Pero la conciencia general
nunca comprenderá
por qué un cuerpo aplastado y pisoteado
descuartizado y compilado
por el sufrimiento y los espantos de la
crucifixión
-como el cuerpo permanentemente vivo del Gólgota-
será superior a un espíritu
que se encomienda a todos los fantasmas de la vida interior
que no es más que levadura y semilla
de todas las fantasmagóricas bestializaciones
hediondas.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Martes 25 de febrero de 1948

Paule, estoy muy afligido y desesperado
me duele el cuerpo por todos lados
pero sobre todo tengo la sensación de que la gente
está desencantada
con mi emisión radial.
Allí donde se encuentre la máquina
siempre están la nada y el abismo
hay una interpolación técnica que trastoca
y aniquila lo que uno hace.
Las críticas de M. y de A. no son justas
y deben haber tenido su fundamento
en un defecto de transmisión
por ese motivo nunca volveré a la
Radio
y de aquí en más me consagraré únicamente
al teatro
tal como lo entiendo
un teatro de sangre
un teatro que en cada presentación habrá
hecho beneficiar
corporalmente
tanto al que actúa
como al espectador
por otro lado
uno no actúa
uno hace
El teatro es en rigor el origen de la creación.
Esta tarde tuve una visión
vislumbré a los que van a acompañarme y que aún
no tienen cuerpo
porque cochinos como los de anoche
en el restaurante comen en exceso.
Hay gente que come en exceso
y otros que lo mismo que yo no pueden
comer sin escupir
suyo.

Antonin Artaud 5ª parte

ENTREVISTA A ANDRÉ BRETON

(Textos extraidos de la editorial VomitArte)
(París, 23/09/1959)
Usted piensa, según su expresión, que Antonin Artaud había «pasado del otro lado». ¿Podría precisar lo que entiende por ello?
Breton: Ante todo, establezcamos como axioma que la poesía, a partir de un cierto nivel, se burla absolutamente de la salud mental del poeta: su más alto privilegio consiste en extender su imperio mucho más allá de los límites determinados por la razón humana. Para la poesía, los únicos escollos serían la banalidad y el consentimiento universal. Desde Rimbaud y Lautreamont sabemos que los más bellos cantos son a menudo, los más extraviados. «Aurelia» de Nerval, los «Poemas de la Locura» de Hölderlin, las telas de la época de Arlés de Van Gogh, son aquellas que estimamos como lo más alto de sus obras. Muy lejos de aprisionarlos en sus compartimentos, es como si el «delirio» las hubiese desatado, como si por un puente aéreo ellos hubiesen entrado en comunicación fulgurante con nosotros.
Del mismo modo, sería sacrificar a un prejuicio de otra edad querer defender a Antonin Artaud de todo extravío del espíritu que, habiéndole sido imputado por error, le habría sustraído la libertad y lo hubiese expuesto a las peores crueldades, bajo pretexto de curarlo.
En el nivel más inmediato, entre el hombre y la sociedad en que vive, hay tácitamente un contrato que le prohibe ciertos comportamientos exteriores bajo pena de ver cerrarse sobre sí las puertas del asilo (o de la prisión). Es innegable que el comportamiento de Artaud en el barco que lo traía de Irlanda en 1937 fue de esos. Lo que yo llamo pasar del «otro lado» es perder de vista, bajo un impulso irresistible, esas prohibiciones y las sanciones a las que uno se expone por transgredirlas.

Cuando usted volvió a ver a Artaud después de Rodez, ¿En qué estado se encontraba? ¿Estaba curado?
Breton: Después de Rodez, ciertamente, quedaban huellas en su noble rostro de las pruebas sufridas y nada era más conmovedor que el estrago de sus rasgos.
Al hablar con él, uno lo veía obedecer a las mismas solicitaciones que en su juventud, aportar a ellas el mismo brío que, a pesar de todo, sabía aún impregnarse de alegría (escucho todavía su risa inalterada): nada en él había ensombrecido los dones del espíritu y del corazón. De ahí a decir que estaba «curado» en el sentido pleno del término, es un paso que no puedo franquear; digamos que el delirio, que lo invadía algunos años antes, estaba en 1946 netamente limitado. No había ocasión de traicionarse si algunos puntos de fricción eran evitados. Uno no lo lograba siempre. Artaud estaba persuadido, por ejemplo, que en su desembarco en El Havre, de retorno de Irlanda, una verdadera revuelta había estallado (para impedir ciertas revelaciones que él debía hacer) y que yo había sido muerto al acudir a socorrerlo. Que él pudiera con frecuencia hacer alusión a ello en sus cartas o en sus conversaciones conmigo, muestra bastante que el mundo para él, ya no admitía las coordenadas habituales. Yo me cuidaba de contradecirle y pasaba pronto a otra cosa. Sin embargo, llegó el día -era una mañana, conversábamos solos en la terraza de «Les Deux-Magots»- en que él me intimó, en nombre de todo aquello que podía unirnos, a desconcertar a los que discutían la autenticidad de semejante hecho. Me fue forzoso responderle, en términos apropiados (de manera de contradecirlo lo menos posible), que sobre ese punto, mis recuerdos no corroboraban los suyos. Me miró con desesperación, las lágrimas le vinieron a los ojos. Algunos segundos interminables... Su deducción fue que las potencias ocultas de las cuales él se había atraído la cólera, habían logrado engañar mi memoria. No se habló más del asunto, pero cuando nos volvimos a ver más tarde sin duda, yo había decaído a sus ojos.

Pero está la obra de Artaud. ¿Cómo ha podido llevarla a cabo? ¿Es la obra de un loco o la de un hombre lúcido? ¿Puede de algún modo definir el carácter y el alcance de esa obra?
Breton: La enfermedad de Artaud no fue de aquellas que entrañan, en un sentido psiquiátrico, un déficit intelectual. Es un error demasiado expandido creer que en semejante caso la ideación está comprometida a fondo y que todos los territorios que dependen de ella están alterados. Nada es tan simple. En cuanto a Artaud, hay grandes extravíos de juicio acerca de los fines últimos, extremas violencias espumeando en un total desenfreno verbal manifestando una tensión interna de la especie más punzante ante la cual nada impedirá que nosotros seamos estremecidos durante mucho tiempo. En el estado actual de nuestros conocimientos, demasiado ambicioso sería querer explicar por qué efecto de conjuración «en espejo» Artaud, poco antes de morir, ha podido realizar la obra hiperlúcida, la obra maestra indiscutible que es su «Van Gogh». El grito de Artaud -como aquel de Eduard Münch- parte «de las cavernas del ser». Para siempre la juventud reconocerá como suya esa bandera calcinada.

André Breton
Crítico y Poeta. Francia (1896-1966)

(Estos textos fueron escritos a pedido de Fernand Pouey para ser transmitidos por la radio francesa. El programa fue grabado el 28 de noviembre de 1947, pero la emisión, programada para el 2 de febrero de 1948 fue prohibida por el director de la radio, Wladimir Porché, escandalizado por la virulencia del texto. Se formó, a pedido de Pouey, una especie de tribunal -integrado entre otros por Eluard, Cocteau, Callois- para que diera su opinión sobre el poema. Las opiniones resultaron totalmente favorables, pero aún así, el director de la radio mantuvo su prohibición.
Artaud envió una serie de cartas a diversas personas donde dejó testimonio de su posición respecto de la medida tomada. Estas cartas fueron agregadas posteriormente al texto)

PARA ACABAR CON EL JUICIO DE DIOS
Me enteré ayer,
(es posible creer, o sólo es un falso rumor,
que atiendo a esos chismes puercos que se propagan
por inodoros y fregaderos
cuando se tiran las comidas que otra vez fueron engullidas,)
me enteré ayer
de una de las costumbres oficiales más descarnadas
de las escuelas públicas americanas y que sin duda
llevan a ese país a creerse que son la cabeza del
progreso.
Parece que uno de los requisitos exigidos a un niño
que ingresa por primera vez a una escuela pública,
es lo que se conoce como examen del fluido seminal
o del esperma
que consistiría en que el niño recién llegado entregue
un poco de su esperma para guardarlo en un recipiente
y conservarlo para que en un futuro se pueda realizar
el intento de una fecundación artificial.
Ya que día tras día los americanos
descubren que les hacen falta
brazos y niños
no obreros, sino soldados
y a cualquier precio
y por todos los medios posibles
quieren fabricar soldados pensando
en guerras planetarias que pudieran desatarse
y que tendrían como finalidad demostrar por las
virtudes destructivas de la fuerza
la nobleza del producto americano y
de las gemas del sudor americano en todos
los terrenos de la actividad y del movimiento
posible de la fuerza.
Porque se debe producir, se debe, a través
de todos los recursos de la actividad posible, sustituir
la naturaleza dondequiera que pueda ser sustituida,
se debe encontrar un terreno más amplio para la inercia humana,
es necesario que el obrero tenga de qué ocuparse,
es necesario que se abran nuevos campos de actividad
donde por fin se elevará el reino de todos
los ficticios productos fabricados,
de todos los inmorales análogos sintéticos,
donde la bella, la auténtica naturaleza no servirá
de ninguna utilidad,
y de una vez y para siempre y con vergüenza
tendrá
que ceder su lugar a los heroicos productos
del reemplazo,
el esperma de todas las usinas de fecundación
artificial
producirá, allí, milagros para fabricar armadas y acorazados.
Basta de árboles, basta de frutas, basta de plantas farmacéuticas
o sí, y en consecuencia basta de alimentos,
en su lugar productos de la síntesis a la saciedad,
productos de síntesis
en los vahos, en los humus especiales de la atmósfera,
en los radios peculiares de las atmósferas
arrancadas de la potencia de una naturaleza
que de la guerra conoció solamente
el miedo.
Y entonces, viva la guerra ¿no es verdad?
Porque así fue ¿cierto?, que los americanos
paso a paso, armaron y arman la guerra.
Para proteger esta necia fabricación
de las competencias que de inmediato
brotarán por todas partes,
hacen faltas armadas, soldados, aviones,
acorazados.

Tal vez
por esta razón los gobiernos de América
tuvieron la desfachatez de pensar en ese esperma.
Ya que a nosotros, los nacidos capitalistas
nos vigila, hijo mío, más de un enemigo
entre ellos la Rusia de Stalin
a la que tampoco le faltan brazos armados.

Eso está muy bien,
pero yo ignoraba que los americanos fueran
un pueblo tan belicoso.
En los combates siempre se sufren heridas,
pude ver a muchos americanos en combates
pero siempre eran precedidos por incontables
flotas de tanques,
de aviones, acorazados detrás de sus escudos.
Pude ver cómo pelean las máquinas
y sólo hacia atrás, en el infinito pude divisar
a los hombres que las manejaban.

Hay pueblos que hacen comer a sus
bueyes, caballos y asnos los restos de toneladas
de auténtica morfina que tienen,
para sustituirla por humo de dudosa calidad,
prefiero al pueblo que come a la misma altura de la tierra
el delirio que lo hizo nacer,
me refiero a los Tarahumaras que comen al Peyote
mientras está naciendo sobre la tierra
y que para instaurar el reino de la noche negra
mata al sol y desintegra la cruz para que
nunca más
los sitios del espacio puedan reunirse ni confluir.
Ahora van a escuchar la danza del TUTUGURI.

Tutuguri - La Ceremonia del Sol Negro
Muy abajo, al borde de la pendiente amarga,
crudamente desesperada del corazón,
se despliega el círculo de las seis cruces
abajo, muy abajo
como acoplado a la tierra madre,
desacoplado del inmundo abrazo de la madre que babea,

el único lugar húmedo
en este hueco de roca
es la tierra de carbón negro.
La ceremonia consiste en que el nuevo sol,
antes de que se desintegre en el agujero de la tierra,
atraviese siete puntos.

Hay seis soles y un hombre
por cada sol
y un séptimo hombre
de carne roja y vestido de negro
que es el sol
iracundo.

El séptimo hombre
es un caballo,
un caballo acompañado por un hombre.

Pero el caballo
no es el hombre,
es el sol.

Al ritmo lacerante de un tambor y de una trompeta larga,
rara,
los seis hombres
que estaban tumbados,
enmarañados al ras de la tierra
se abren uno a uno como
girasoles
no soles
sino tierras que ruedan,
camalotes en el agua,
y cada brote
se alinea con el gong cada vez más umbrío
y refrenado
del tambor
hasta que intempestivo, se ve arribar a fuerte galope,
con una rapidez de vértigo,
al último sol,
al primer hombre,
al caballo negro y en su lomo
un hombre desnudo,
totalmente desnudo
y casto.
(sobre su lomo)

spués de saltar, avanzan dibujando recodos circulares
y el caballo de carne sangrante pierde la razón
y gira sin parar
en la cúspide de su risco
hasta que los seis hombres
terminan de cercar
las seis cruces.

La tensión más alta de la ceremonia es justamente

LA ABOLICIÓN DE LA CRUZ

Cuando terminan de dar vueltas

extirpan
las cruces de la tierra
y el hombre desnudo
a lomo del caballo
enarbola
una enorme herradura
bañada en la sangre de una cuchillada.

Buscando la Fecalidad
Allí donde huele a excremento
huele a ser.
El hombre podría haberse abstenido de cagar,
mantener cerrado el bolsillo anal,
pero eligió cagar
como elegir vivir
el lugar de consentir en vivir muerto.

Para no defecar,
debería haber aceptado
no ser,
pero no aceptó perder el ser,
es decir, morir viviendo.

En la existencia
hay una cosa especialmente tentadora
para el hombre
y esa cosa es

LA CACA
(aquí, estruendo)

Para existir alcanza con dejarse ser,
pero hay que ser alguien
para vivir,
se debe tener un HUESO
y ser osado para mostrar el hueso
y dejar de lado el alimento.

El hombre eligió la carne
y no la tierra de los huesos.
Como sólo había tierra y maraña de huesos
tuvo que conquistar su alimento,
no encontró mierda,
nada más que hierro y fuego,
y el hombre no quiso perder la mierda
o mejor dicho deseó la mierda
y con ese fin sacrificó la sangre.
Para conservar la mierda,
es decir, la carne,
allí donde no había mas que sangre
y desperdicios de huesos,
allí donde tenía poco que ganar
y mucho que perder: la vida.

o reche modo
to edire
de za
tau dari
do padera coco

El hombre, entonces, se ensimismó y huyó.

Lo tragaron los gusanos.

No consistió en una violación.
Fue dócil al lascivo banquete.
Lo encontró gustoso,
aprendió a hacerse el tonto
por sus propios medios
y a comer carroña
sin miramientos.

Pero, ¿de dónde proviene esa execrable bajeza?

De que el mundo todavía no está en orden,
o de que el hombre tiene apenas una ínfima idea
del mundo
y la quiere preservar al infinito.

Procede de que el hombre, un buen día detuvo
la noción de mundo.

Se le presentaban dos caminos:
el exterior infinito,
el mínimo interior.
Se decidió por el mínimo interior,
donde alcanza con apretar
la lengua
el bazo
el ano
o el glande.

Y fue dios, dios mismo quien apuró el movimiento.

Y si dios es un ser,
es la mierda.
Si no lo es
no existe.
O solamente tiene existencia
como el vacío que crece con todas sus figuras
y cuya representación más certera
es el avance de un grupo innumerable de ladillas.

¿Usted ha enloquecido, señor Artaud? ¿Y la misa?

Reniego de la misa y del bautismo.
En la dimensión erótica interna
no hay acto humano más nocivo que el descenso
del presunto Jesucristo
a los altares.
Descreerán de lo que digo
y puedo observar desde aquí cómo el público
se encoge de hombros
pero el denominado Cristo es
quien ante la ladilla-dios
consintió en vivir sin cuerpo
mientras una manada de hombres,
bajando de la cruz
en la que dios creía mantenerlos clavados
se sublevó
y ahora esos mismos hombres
bien provistos de hierro,
sangre,
fuego y esqueletos
se adelantan, denostando al Invisible
para acabar al fin con el JUICIO DE DIOS.

El Problema que se Presenta es que...
Es duro percatarse
de que hay otro orden
después del orden
de este mundo.

¿Qué orden es ése?

No lo conocemos.

El orden y el número de las posibles suposiciones
en ese entorno
es precisamente
¡el infinito!

¿Y el infinito, qué es?

No lo sabemos con exactitud.

Es una palabra
que nos sirve
para señalar
la apertura
de nuestra conciencia
a la posibilidad
desmedida
interminable y desmedida.

¿Y la conciencia qué es?

No lo sabemos con seguridad.

Es la nada.

Una nada
que nos sirve
para señalar
cuando ignoramos algo,
no sabemos
relacionado a qué
y entonces
pronunciamos la palabra
conciencia
respecto de la conciencia
pero hay muchas otras facetas.

¿Entonces?

Según parece, la conciencia
está conectada
en nosotros
al hambre
y al deseo sexual;

pero también
podría
no estar conectada
a ellos.

Se puede decir,
se dice,
están los que dicen
que la conciencia
es un apetito,
el apetito de vivir;

seguidamente
junto al apetito de vivir
se presenta en el espíritu
el apetito del alimento

como si no existieran personas
que comen sin ninguna especie
de apetito
y que tienen hambre.

Porque también hay
quienes
tienen hambre
sin tener apetito;

¿Entonces?

Entonces

cierto día
el espacio de la posibilidad
se me impuso
como si me hubiera tirado
un enorme pedo;
pero no tenía una noción precisa
ni del espacio
ni de la posibilidad,

y no surgía la necesidad de pensarlo;

era un invento de palabras
para referirme a cosas
que existían
o que no existían
ante la apremiante urgencia
de una necesidad:
eliminar la idea,
la idea y su mito
para que en su lugar impere
la sonora manifestación
de esa explosiva necesidad:
expandir el cuerpo de mi oscuridad interior,

de la nada interior
de mi yo
que es oscuridad
nada,
maquinal,

y que aún así, es una afirmación explosiva:
se debe dejar sitio
a algo,

a mi cuerpo.

Pero,
¿convertir mi cuerpo
en ese gas hediondo?
¿Afirmar que tengo un cuerpo
porque un gas hediondo
se produce dentro mío?

Lo ignoro
pero sé que
el tiempo,
el espacio,
la extensión,
el porvenir,
el futuro,
el acontecer,
el ser,
el no ser,
el yo,
el no yo,

nada son para mí;

pero hay una cosa
que sí significa algo,
una sola cosa que debe tener significado
y que percibo
porque quiere
SALIR:
el estado
de mi dolor
de cuerpo,

el estado
amenazante
incansable
de mi cuerpo;

aunque me acosen con interrogantes,
y yo no admita ningún interrogante,
hay un límite
en el que me veo obligado
a decir no,
NO
a la negación;
y llego a este límite
cuando me abruman,

me agobian,
me juzgan
hasta que se distancia
de mí
el alimento
mi alimento
y su leche,

y, ¿cuál es el efecto?

Me asfixio;

no sé si es un acto
pero al abrumarme de esa manera
con interrogatorios
hasta la desaparición
y la nada
del interrogante,
me martirizaron
y extinguieron
de mí
la idea de cuerpo
y de ser yo, un cuerpo,

entonces descubrí lo obsceno

y me tiré un pedo
despótico
de gula
y en rebeldía
por mi ahogo.

Porque atormentaban
hasta mi cuerpo
hasta el cuerpo

y en ese instante
hice explotar todo
porque nadie manosea
a mi cuerpo.

Conclusión
-Señor Artaud, ¿qué utilidad tuvo para usted esta emisión radial?
-Por una parte denunciar una cantidad
de inmundicias sociales oficialmente empleadas y
aceptadas:
1º la explotación del semen infantil,
donado afablemente por niños, con el fin
de una fecundación artificial de fetos que
todavía
no han visto la luz
y que nacerán dentro de un siglo o más.

2º denunciar dentro del mismo pueblo americano
que habita en todo el territorio del antiguo continente Indio,
un renacimiento del imperialismo guerrero de la vieja América
causante de que toda la humanidad precedente
denigrara al pueblo indígena anterior a Colón.

-Señor Artaud, usted está haciendo afirmaciones inusitadas.

-Si afirmo algo inusitado, digo que antes de Colón los Indios eran,
en oposición a todo lo que se pueda imaginar,
un pueblo raramente civilizado,
que experimentó un estilo de civilización
sustentado en el principio privilegiado de la crueldad.

¿Usted sabe en qué consiste exactamente la crueldad?

-No, de esa manera, no sé.

-La crueldad consiste en descuajar
por la sangre y hasta la sangre a dios,
a la contingencia animal
de la inconsciente bestialidad humana
en todos y cualquier sitio donde se los encuentre.

Cuando no se lo reprime, el hombre es
una bestia erótica,
lleva en su interior un temblor iluminado,
una especie de inspiración
procreadora de incontables bichos que
dan forma a eso que los antiguos pueblos
terrestres adjudicaban universalmente
a dios.
Eso representaba lo que se llama un espíritu.
Procedente de los indios de América, ese espíritu
se presenta, actualmente, bajo formas científicas que delatan
una enfermiza influencia mórbida,
un manifiesto estado de vicio,
pero de un vicio lleno de enfermedades
porque, si quieren pueden reírse,
eso a lo que se le dio el nombre de microbios
es dios
¿ustedes saben con qué fabrican sus átomos
los americanos y los rusos?
los fabrican con los microbios de dios.

-Señor Artaud, usted está loco,
usted delira.

-No estoy loco,
no deliro.
Aseguro que los microbios se inventaron otra vez
para establecer una nueva idea de dios,
descubrieron un nuevo recurso para exaltar
a dios y apresarlo justo en su faceta
perniciosa microbiana:
consiste en hundirlo en el corazón,
allí donde los hombres más lo aman,
apareciendo como la sexualidad enfermiza,
en ese aspecto siniestro de crueldad mórbida
que adopta cuando, como ahora,
se deleita en enloquecer y convulsionar a la humanidad.
Se vale del espíritu de castidad de una conciencia
que se mantuvo pura como la mía para
ahogarla con todas las equívocas apariencias
que vierte universalmente en los espacios,
así, Artaud el momo puede actuar el papel de alucinado.

-¿Qué está queriendo decir, señor Artaud?

-Que encontré la manera de
acabar de una vez y para siempre con ese embaucador y además,
si ya nadie cree en dios, todos creen cada vez más en el hombre.
Ahora es necesario castrar
al hombre.

-¿Cómo? ¿Qué?

Usted está loco,
loco de remate, lo mire por donde lo mire.

-Colocándolo por última vez
sobre la mesa de autopsias para
recomponer su anatomía.
El hombre está enfermo porque está mal
edificado.
Si quieren pueden atarme,
pero tenemos que desnudar al hombre
para extirparle ese microbio que lo infecta
mortalmente
dios
y con dios
todos sus órganos
porque no hay nada más inservible que un órgano.

Cuando ustedes le hayan fabricado un cuerpo sin
órganos lo habrán emancipado de todos sus automatismos
y habrán hecho recobrar su auténtica libertad.

Podrán, entonces, enseñarle a bailar al revés
como en el éxtasis de las danzas populares
y en ese revés estará
su auténtico lugar.

Variantes - Primer Proyecto
pah ertin
tara
tara bulla
rara bulla
ra para hutin

Hacia lo poh ertsin esto se angosta
superagudo putinah y se estrangula
incisivo ke tu la

o ki tu la
o kan dalin

o skifar
janetsi metera
a metera

merentsi
a mruta mutela
marutela
a mruta mertsi

Quien como yo, siente dolor en los huesos
sólo tiene que pensar en mí
por el trayecto de los espacios no logrará mi espíritu,
¿para qué sirve llegar a un ser en espíritu
si no se ha llegado a él en cuerpo?
Llegar a un ser en espíritu
es alejarse aún más de llegar al él en cuerpo algún día.

Pero quien como yo siente dolor en los huesos
y piensa en mí con fuerza
no ve
qué casa cae
qué árbol se incendia
en su trayecto
pero la casa se derrumba
y el árbol arde
y él lo advertirá algún día,
a quien como yo siente dolor en las encías
y piensa en mí
se convierte en polvo lo que nos separaba
el espacio disminuye y se adelgaza
y no soy yo
el que se vuelve ciego
sino el espacio;
pero, ¿quién lo advertirá algún día?
¿Quién?
¿Quién?
pues el espacio que se sentirá más reducido,
con los músculos endurecidos y sin salida,
quien en todos sus dientes siente dolor
como siento yo todos los dientes ausentes
no se encontrará de pronto junto a mí
el que se sentirá lejos de mí y de él será el espacio,
¡Y se sentirá avergonzado de ser y de existir,
de ser el espacio cuando nosotros nos encontramos allí!

¿Qué hará, entonces, ese espacio con pudicia?

Esa antigua limonada deberá irse.

fu fe lou
cuando haces eto
tú haces lo otro
tú eleva n'el aire l'espíritu
enton tú toavía no est cura
tú todaía crees n'el espíritu

ió afirmo que lo vi y stá enfermo
tá muy enfermo lo vi

ust visitan el mercado negro
el cine, la carnicería hipofágica
esperan largas horas para entrar al cine
bajo la lluvia en invierno
para ver películas estúpidas
y a lo largo de ese momento desde los siglos de los
siglos
en las orillas contaminadas del Cáucaso,
de los Cárpatos, de los Apeninos,
del Himalaya
seres embrutecidos bailan
danzan al son del pus y de la sangre,
de los piojos estrujados,
la danza de la vísceras inmundas,

bailan para arrancar esto y esto de ustedes
y para establecerles esto y esto y esto
en una sola palabra, la danza del sexo.
¿Quieren todavía más sexo?
¿no quieren más?
todo es sexual.

-tood el problema es esze
que dios se quede o se vaya.
Ese es el problema que se presenta.
Bailan la danza del roce canalla
del coito-canalla con la mujer y
de la junta de ron y ruido

-no entend lo que quer dez
significa que el fundamento de la fecundación sexual
que desde el principio de los tiempos está puesto
con la lengua, el bazo, los pies
ahora
debe ser ordenado,

porque lo que se discute sobre el retortijón
de nuestra humanidad
es el tema de la permanencia de dios
o de su partida
porque dios es todos los infectos bichos salidos
de las danzas lascivas de las razas torvas
y el problema que se presenta es
estar seguros de si vamos a permitir que siga bailando...

Conclusión
Estos pies
estos estómagos
estos lomos
estas manos
estos codos
estas pantorrillas
estos dientes
que hacen
boua
e
boua
bouala
bouraca
boutra
y que succionan bichos del aire
que dispersan a esos bichos en el aire
que no todos ven
y esos bichos que cagan aquí y allí
todo ese conjunto es dios
y después de esto qué piensas de dios

pienso que no entiendo

pues a esos bichos no los vemos,
son los microbios de la danza de los muertos
que bailan la raza de las razas
desde el principio de los siglos
en las orillas del Himalaya,
de los Cárpatos, de los Apeninos y del Cáucaso,
estos bichos que se crían en los pies,
en los lomos, en el estómago,
en los riñones
en esos bailes de puercos lujuriosos
a los que las razas no abandonan
y se desarrollan aquí y allá
y eso da lugar a una tierra que patalea
-que patalea
-sí, que hierve
que bulle
y abona los órganos muertos
los abona de cosas infectas

y nadie entendió nunca para qué
sirven los órganos...

-pensé entoz en un teatro de la
crueldad que dance y vocifere
para abortar las vísceras
y terminar con todos los microbios
y en la anatomía sin fisuras del hombre
donde todo lo que está resquebrajado se abortó
hacer que reine la salud sin dios.

-no soo má que cuentos a primera vista
es ilusorio
pero lárgate a bailar pedazo de mono
pedazo de inmundo macaco europeo
que nunca aprendió a mover un pie.

(Aquí el otro hombre lanza alaridos de protesta y después de esto se pone fin a la emisión)

Nota
Nada hay que aborrezca
y condene tanto como esa idea de puesta en escena
de representación
por lo tanto de irrealidad, de virtualidad
relacionada a todo lo que se produce y se
exhibe,
la misa, por ejemplo, fue rescatada por esa idea y
facilitó que fuera aprobada por manadas incontables
de seres que, de otro modo, no la hubieran admitido,
la idea de que la misa no es más que una puesta en escena
una representación virtual inexistente e inservible,
tiene su compensación,
detrás de su apariencia virtual y
teatral,
la misa es, por contrapartida, una puesta en escena útil,
(la misa está dotada de una de las fórmulas de acción real
más convincentes de la vida,
pero la gente lo ignora, ignora que esa fórmula de acción
es tétrica, umbría y erótica,
se refiere a la misa negra cuando la
razón y el principio de la misa es
ser negra
no existe misa blanca
cada oración de cada misa es otro acto sexual en la naturaleza desatada).
Vuelvo ahora a la idea de que toda
esta emisión radial estuvo dedicada a protestar
contra ese presunto principio de virtualidad,
de irrealidad,
en síntesis, de puesta en escena
necesariamente unido a todo lo que
se exhibe, como si se quisiera domesticar
a los monstruos y al mismo tiempo paralizarlos,
usar la escena, la pantalla o el micrófono para introducir
variantes de deflagración
explosiva excesivamente riesgosas para la vida,
riesgosas para toda la vida,
y que de ese modo las desvían de la vida.
El inconsciente contemporáneo está agotado,
la gente está hastiada de cargar con
algo que amontona y oprime
sin cesar,
porque no se le permitió hacerlo, manifestarlo y exhibirlo.
Y la policía de los iniciados, que desde siempre y sin que
se sepa, llevan su vida al fracaso, pero arrogándose la pretensión
de manejarla solos, tiene el mandato de desviar hacia
el teatro, el cine, el micrófono,
y la misa,
algo que yo he querido decir y que diré
y por lo que me internaron durante nueve años.
Diré ese algo que provoca el hambre, las epidemias,
las guerras, las pestes, etc...

Antonin Artaud 4ª parte

Van gogh el sucidado por la sociedad 2ª parte

Pues si no había ni espíritu, ni alma, ni conciencia, ni pensamiento, había materia explosiva,
volcán maduro,
piedra de trance,
paciencia,
bubones,
tumor cocido,
y escara de despellejado.

Y el rey Van Gogh incubaba soñoliento el próximo alerta de la insurrección de su salud.
¿Cómo?
Por el hecho de que la buena salud es una plétora de males acorralados, de un formidable anhelo de vida con cien llagas corroídas que, a pesar de todo, es preciso hacer vivir,
que es preciso encaminar a perpetuarse.
Aquel que no husmea la bomba en cocción y el vértigo comprimido no merece estar vivo.
Este es el bálsamo que el mísero Van Gogh consideró su deber manifestar en forma de deflagraciones.
Pero el mal que lo atisbaba le hizo mal.
El Turco de rostro honrado se acercó delicadamente a Van Gogh para extraerle su almendra confitada,
con el objeto de separar el confite (natural) que se formaba.
Y Van Gogh consumió allí mil veranos.
Causa por la cual murió a los 37 años,
antes de vivir,
pues todo mono ha vivido antes que él de las fuerzas que él llegó a reunir.
Y que serán las que ahora habrá que devolver para hacer posible la resurrección de Van Gogh.
Frente a una humanidad de monos cobardes y perros mojados, la pintura de Van Gogh demostrará haber pertenecido a un tiempo en que no hubo alma, ni espíritu, ni conciencia, ni pensamiento; tan sólo elementos primeros, alternativamente encadenados y desencadenados.
Paisajes de intensas convulsiones, de traumatismos enloquecidos, como los de un cuerpo que la fiebre atormenta para restituirlo a la perfecta salud.
Por debajo de la piel el cuerpo es una usina recalentada,
y por fuera,
el enfermo brilla,
reluce,
con todos sus poros,
estallados,
igual que un paisaje
de Van Gogh
al mediodía.
Sólo la guerra perpetua explica una paz que es únicamente tránsito,
igual que la leche a punto de derramarse explica la cacerola en que hervía.
Desconfiad de los hermosos paisajes de Van Gogh remolinantes y plácidos,
crispados y contenidos.
Representan la salud entre dos accesos de una fiebre ardiente que está por pasar.
Representan la fiebre entre dos accesos de una insurrección de buena salud.
Un día la pintura de Van Gogh armada de fiebre y buena salud,
retornará para arrojar al viento el polvo de un mundo enjaulado que su corazón no podía soportar.

Antonin Artaud

Post Scriptum
Retorno al cuadro de los cuervos.
¿Alguien vio alguna vez como en esta tela, una tierra equiparable al mar?
Entre todos los pintores Van Gogh es el que más a fondo nos despoja hasta llegar a la urdimbre, pero al modo de quien se despioja de una obsesión12.
La obsesión de hacer que los objetos sean otros, la de atreverse al fin a arriesgar el pecado del otro: y aunque la tierra no pueda ostentar el color de un mar líquido, es precisamente como un mar líquido que Van Gogh arroja su tierra como una serie de golpes de azadón.
E infunde en la tela un color de borra de vino; y es la tierra con olor a vino, la que todavía chapotea entre oleadas de trigo, la que yergue una cresta de gallo oscuro contra las nubes bajas que se agolpan en el cielo por todas partes.
Pero como ya he dicho, lo lúgubre del asunto reside en la suntuosidad con que están representados los cuervos.
Ese color de almizcle, de nardo exuberante, de trufas que parecerían provenir de un gran banquete.
En las olas violáceas del cielo, dos o tres cabezas de ancianos de humo intentan una mueca de apocalipsis, pero allí están los cuervos de Van Gogh incitándolos a una mayor decencia, quiero decir a una menor espiritualidad,
y es justamente lo que quiso decir Van Gogh en esa tela con un cielo rebajado, como pintada en el instante mismo en que él se liberaba de la existencia, pues, esa tela tiene, además, un extraño color casi pomposo de nacimiento, de boda, de partida,
oigo los fuerte golpes de cimbal que producen las alas de los cuervos por encima de una tierra cuyo torrente parece que Van Gogh ya no podrá contener,
luego la muerte,
los olivos de Saint-Rémy.
El ciprés solar.
El dormitorio.
La recolección de las olivas.
Los Aliscamps de Arlés.
El café de Arlés.
El puente donde le sobreviene a uno el deseo de hundir el dedo en el agua en un impulso de violenta regresión infantil al que lo fuerza la mano prodigiosa de Van Gogh.
El agua azul,
no de un azul de agua,
sino de un azul de pintura líquida.
El loco suicida pasó por allí y devolvió el agua de la pintura a la naturaleza,
pero a él, ¿quién se la devolverá?

¿Acaso era loco Van Gogh?
Que quien alguna vez supo contemplar un rostro humano contemple el autorretrato de Van Gogh, me refiero a aquel del sombrero blando.
Pintado por el Van Gogh extralúcido, esa cara de carnicero pelirrojo que nos inspecciona y vigila; que nos escruta con mirada torva.
No conozco a un solo psiquiatra capaz de escrutar un rostro humano con una fuerza tan aplastante, disecando su incuestionable psicología como un estilete.
El ojo de Van Gogh es el de un gran genio, pero por el modo como lo veo disecarme emergiendo de la profundidad de la tela, ya no es el genio de un pintor el que en este momento siento vivir en él, sino el de un filósofo como nunca supe de otro igual en la vida.
No, Sócrates no tenía esa mirada; únicamente el desventurado Nietzsche tuvo quizás antes que él esa mirada que desviste el alma, libera al cuerpo del alma, desnuda al cuerpo del hombre, más allá de los subterfugios del espíritu.
La mirada de Van Gogh está colgada, soldada, vitrificada, detrás de sus párpados pelados, de sus cejas finas y sin ceño.
Es una mirada que penetra derecha, que taladra, partiendo de ese rostro tallado a golpes como un árbol cortado a escuadra.
Pero Van Gogh aprisionó el momento en que la pupila va a volcarse en el vacío,
en que esa mirada lanzada hacia nosotros como el proyectil de un meteoro, toma el color inexpresivo del vacío y de lo inerte que lo llena.
Mejor que cualquier psiquiatra del mundo, el gran Van Gogh situó así su enfermedad.
Irrumpo, recomienzo, inspecciono, engancho, rompo el sello de clausura, mi vida muerta no oculta nada, y la nada, por lo demás, nunca ha hecho daño a nadie; lo que me impele a retornar a lo interno es esa desoladora ausencia que pasa y me hunde por momentos, pero veo claro en ella, muy claro, hasta sé qué es la nada, y podría decir qué hay en su interior.
Y tenía razón Van Gogh; se puede vivir para el infinito, satisfacerse sólo con el infinito, pues hay suficiente infinito sobre la tierra y en las esferas como para saciar a miles de grandes genios, y si Van Gogh no llegó a colmar su deseo de iluminar su vida entera con él, fue porque la sociedad se lo prohibió.
Se lo prohibió rotunda y conscientemente.
Un día aparecieron los verdugos de Van Gogh, como aparecieron los de Gerard de Nerval, de Baudelaire, de Edgar Poe y Lautréamont.

Aquellos que un día dijeron:
Y ahora basta, Van Gogh; a la tumba; ya estamos hartos de tu genio; en cuanto al infinito, ese infinito nos pertenece a nosotros.
Pues no es a fuerza de buscar el infinito que Van Gogh muere,
y es empujado a la sofocación por la miseria y la asfixia,
es a fuerza de vérselo rehusar por la turba de aquellos que, todavía estando vivo, creían detentar el infinito excluyéndolo a él;
Y Van Gogh habría podido encontrar suficiente infinito para vivir durante toda su vida si la conciencia bestial de la masa no hubiese decidido apropiárselo para nutrir sus propias bacanales que nunca tuvieron nada que ver con la pintura o la poesía.

Además, nadie se suicida solo.
Nunca nadie estuvo solo al nacer.
Tampoco nadie está solo al morir.
Pero en el caso del suicidio, se precisa un ejército de seres maléficos para que el cuerpo se decida al acto contra natura de privarse de la propia vida.
Y creo que siempre hay algún otro, en el extremo instante de la muerte, que nos despoja de nuestra propia vida.

Y así Van Gogh se condenó porque había concluido con la vida, y como lo dejan entrever sus cartas a su hermano, porque ante el nacimiento de un hijo de su hermano,
se sintió a sí mismo como una boca de más para alimentar.

Pero sobre todo, Van Gogh quería reunirse finalmente con ese infinito para el que se dice que uno se embarca como en un tren hacia una estrella,
y se embarca el día en que uno ha decidido firmemente poner término a la vida.
Ahora bien, en la muerte de Van Gogh, tal como aconteció, no creo que eso sea lo que aconteció.
Van Gogh fue despachado de este mundo, primero por su hermano, al anunciarle el nacimiento de su sobrino, e inmediatamente después por el doctor Gachet, quien, en lugar de recomendarle reposo y aislamiento, lo envió a pintar del natural un día en el que tenía plena conciencia de que Van Gogh hubiera hecho mejor en irse a acostar.
Pues no se contrarresta de modo tan directo una lucidez y una sensibilidad como las de Van Gogh el martirizado.
Hay espíritus que en ciertos días se matarían a causa de una simple contradicción, y no es imprescindible para ello estar loco, loco registrado y catalogado; todo lo contrario, basta con gozar de buena salud y contar con la razón de su parte.
En lo que a mí respecta, en un caso similar, no soportaría sin cometer un crimen que me digan: «Señor Artaud, usted delira», como me ha ocurrido con frecuencia.
Y Van Gogh oyó que se lo decían.
Y esa es la causa de que le haya apretado la garganta el nudo de sangre que lo mató.

Post Scriptum
A propósito de Van Gogh, de la magia y de los hechizos, toda la gente que ha estado desfilando desde hace dos meses frente a la exposición de sus obras en el museo de L'Orangerie, ¿están bien seguros acaso de recordar todo lo que hicieron y todo lo que les sucedió cada noche de esos meses de febrero, marzo, abril y mayo de 1946? ¿Y no hubo cierta noche en que la atmósfera en las calles se volvía como líquida, gelatinosa, inestable, y en que la luz de las estrellas y de la bóveda celeste desaparecía?
Y Van Gogh, que pintó el café de Arlés, no estaba allí. Pero yo estaba en Rodez, es decir, todavía sobre la tierra, mientras todos los habitantes de París se habrán sentido, durante una noche entera, muy próximos a abandonarla.
Y es que todos habían participado al unísono en ciertas inmundicias generalizadas, en las cuales la conciencia de los parisienses abandonó por una o dos horas el nivel normal y pasó a otro, a una de esas rompientes masivas de odio, de las que me ha tocado ser algo más que testigo en muchas oportunidades, durante mis nueve años de internación. Ahora el odio ha olvidado, así como las expurgaciones nocturnas que le siguieron, y los mismos que en tantas ocasiones mostraron al desnudo y a la vista de todos sus almas siniestras de puercos, desfilan ahora ante Van Gogh, a quien, mientras vivía, ellos o sus padres y madres le retorcieron el pescuezo a sabiendas.
¿Pero no fue en una de esas noches de que hablo que cayó en el boulevard de la Madelaine, en la esquina de la Rue des Mathurins, una enorme piedra blanca como surgida de una reciente erupción del volcán Popocatépetl13?


Notas:
1 - Rechazado Van Gogh por su prima en Etten, suplica que antes de irse le permitan contemplarla por última vez durante todo el tiempo que sea capaz de mantener su mano sobre la llama de una lámpara de petróleo.
2 - En diciembre de 1888, en Arlés, después de una discusión con Gauguin, Van Gogh se cortó una oreja, la puso en un paquete y se la envió de regalo a una pupila de una casa de tolerancia.
3 - En lo que respecta al trastorno mental de Van Gogh, no hay una opinión unánime sobre su diagnóstico. El doctor Félix Rey, que trató a Van Gogh en Arlés, pensó que se trataba de una forma de epilepsia, opinión que en general comparten los psiquiatras franceses que han escrito sobre el caso (véase el trabajo de H. Gastaut: «La Maladie de Van Gogh» en Annales Médicales Psychologiques, 1956). Otros se inclinan por una demencia maníaco-depresiva. Jaspers sostiene en su libro «Strindberg y Van Gogh», que se trata de una esquizofrenia.
4 - Se refiere muy probablemente al doctor Latremolière, uno de los psiquiatras de Rodez, que publicó un testimonio sobre Artaud titulado: «Yo hablé de Dios con Artaud».
5 - Un día de enero de 1889 con el pretexto de pintar un paisaje nocturno en Arlés, Van Gogh sale con el sombrero rodeado de bujías encendidas.
6 - El retrato de «Père Tanguy», comerciante en colores que se ocupó de la venta de los cuadros de Van Gogh.
7 - El doctor Gachet no era psiquiatra sino médico rural (cosa que bien sabía Artaud, de ahí la calificación de «improvisado psiquiatra»). Practicaba la homeopatía y la electroterapia y además era pintor aficionado. En una de sus cartas a Theo, de mayo de 1890, Van Gogh dice: «Pienso que no se puede contar para nada con el doctor Gachet. Creo que está más enfermo que yo». En otra parte agrega: «Tengo la impresión de que es una persona razonable, aunque está tan desalentado por su oficio de médico rural como yo con mi pintura».
Para Artaud, el doctor Gachet al improvisarse psiquiatra se convierte en encarnación y símbolo de la psiquiatría. Lo importante no es el personaje incriminado (en este caso el doctor Gachet) sino la exposición de una situación patética en que el psiquiatra se transforma (por asumir una posición falsa) en perseguidor consciente o inconsciente del alienado.
8 - El doctor Ferdiére, médico director del sanatorio de Rodez, era literato aficionado; publicó versos por debajo de lo mediocre y algunos ensayos literarios, entre ellos uno dedicado a las «palabras-estuche» de Lewis Carroll.
9 - Este rimero de voces, además de su evidente función sonora, tiene el aspecto de invocaciones o exorcismos.
10 - Serie de nombres también con el aspecto de invocaciones de significado ambiguo o secreto. El primero, Kohan, puede referirse a la palabra hebrea Kohen o Kohan (sacerdote). Por la similitud fonética también recuerda a la palabra japonesa Koan, de particular significado en el budismo Zen.
11 - Tiene relación con el frecuente uso en francés popular del término turco como sinónimo de bestial e inhumano.
12 - Juego de palabras entre dépouiller (despojar) y s'épouiller (despiojarse).
13 - Popocatépetl (en nahuatl: la montaña humeante). Famoso volcán del valle de México, protagonista también de la obra de Malcolm Lowry, «Bajo el volcán».